¡AUXILIO! ¡ADULTOS MAYORES!
Con el mayor de los respetos, pero, a la vez, con la mayor claridad posible.
En la no tan lejana época en la que estaban abiertos los bingos, el más alto porcentaje de los asistentes eran adultos mayores. Adultos mayores que aprendieron muy fácilmente cómo se manejan las maquinitas y que hacían cálculos matemáticos de probabilidades para decidir seguir, cambiar de máquina, cambiar de juego, etc., etc.
Hoy, hay adultos mayores que de puro empecinados van todos los días a hacer las compras. No es que no puedan comprar para tres o cuatro días, simplemente NO LO QUIEREN HACER. Esa salida de compras es su posibilidad de salir a la calle y, de cabezas duras, lo usan como argumento para salir.
Esos mismos adultos mayores que manejan las maquinitas de los bingos dicen no entender cómo funcionan los cajeros automáticos y quieren ver, tocar, oler, guardar dinero contante y sonante. Se resisten a usar las tarjetas de débito y ni soñar con hacerles entender que deben usar el home banking.
Sin embargo, DEBERÁN APRENDER, DEBERÁN UTILIZAR Y DEBERÁN OBEDECER.
Está comprobado que el 80% de los adultos mayores contagiados han muerto. Y, además, en muchos casos, antes de morir han contagiado a otros.
Esto lo escribe un mayor de 65 que no está haciendo la apología del Diario de la guerra del cerdo, de Bioy Casares*.
El COVID-19 no es un virus que busca dónde instalarse. Es un virus que espera que lo busquen. La única “vacuna” es quedarse en casa. ¿Qué se aburren? ¡Y qué le vamos a hacer! Más se van a aburrir en una sala de terapia, solos, sin nadie que les ayude a nada, esperando el lógico fatal desenlace.
A la extensión de la cuarentena habría que agregarle la prohibición del tránsito de mayores de 65. Lisa y llanamente. Con prohibición de ser atendidos en supermercados, despensas o lo que fuera. ¿No tienen familiares que los puedan auxiliar? ¡Que lo demuestren! Y, en tal caso, que se creen centros barriales de ayuda a adultos mayores.
SON DE ALTO RIESGO. SATURARÁN LOS SERVICIOS ASISTENCIALES. AUMENTARÁN LA TASA DE MORTALIDAD.
¡QUÉDENSE EN CASA! ¡NO JODAN!
*Novela de Adolfo Bioy Casares. Publicada en 1969. Es una narración breve, cuenta la historia de un jubilado que un día despierta y descubre que los jóvenes han decidido comenzar a atacar y a amenazar a los viejos. Existe la versión de cine de Leopoldo Torres Nilson “La guerra del cerdo”. Está en Youtube.

Redaccion

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