CÓMO SE DESTRUYE UN PAÍS

CÓMO SE DESTRUYE UN PAÍS

Fulanita hacía viandas. Las vendía en el barrio. Un día un amigo la quiso ayudar y le propuso que provea la comida a la empresa de otro amigo.

Eran 30 viandas por día a $120 cada una... $18.000 semanales, por cuatro semanas $72.000 por mes ¡unos $30.000 de ganancia! Bueno, no tanto porque debería contratar una ayudante, pero ya era algo seguro para poder empezar a crecer.

Y Fulanita se entusiasmó. 

“Pero tenés que tener factura” le dijo el amigo

Fulanita se inscribió en AFIP. Abrió una caja de ahorro. Habilitó el facturador móvil… y al mes recibió el primer pago.

Como no tenía para arrancar, el amigo le prestó. Así no más. De onda.

Cuando cobró la primera factura le devolvió al amigo quien le volvió a prestar para la segunda compra.

A Fulanita le habían dicho que lo mejor era hacer las transferencias directamente desde su cuenta al CBU de su amigo y de los proveedores a los que debía pagar. Era lógico. Así no perdía tiempo para ir de un lado a otro y podía trabajar más tranquila.

Todo andaba bien hasta que un día quiso usar el saldo de su tarjeta y no le alcanzó. Ahí se enteró de que ARBA le había descontado más de $10.000.

Fue a la oficina de ARBA y la retaron porque no estaba inscripta. Pidió inscribirse y le dieron un papelito para llenar así le daban su clave. Le dijeron que en el día le llegaría a su mail y que con eso ya podía pedir turno.

A la tarde ya tuvo su clave, pero no puedo hacer nada porque le decían que debía cambiarla por una nueva y cada vez que intentaba le decían que cometía un error. Y así repitió una, otra, otra… ¡y mil veces!

Al día siguiente volvió a la oficina de ARBA buscando hablar con un ser humano. Hizo la cola para sacar turno para hacer la segunda cola. Esperó y cuando la atendieron le dijeron que debía hacer el reclamo por la web. Le explicó a la señorita que la atendió que lo intentó y no pudo. La señorita a su vez insistió agregando que ella no sabía qué otra cosa podía hacer, así que fue a buscar a un supervisor o algo así quien le dijo a Fulanita que así no más era el asunto. Que ella había tenido movimientos bancarios y que como no estaba registrada le retuvieron de su saldo un aproximado estimado que se reajustaría en el próximo mes. Si le descontaron de más le acreditarían a favor y si era en menos debería pagar y listo. Y que para evitar estas situaciones lo mejor es que contrate a un contador.

Fulanita lo llamó al amigo de su amigo. Le pidió disculpas y suspendió las viandas. Fue a AFIP y se dio de baja aduciendo que se irá al extranjero. Volvió a su casa y le dijo a Menganita que no iba a necesitarla más. Menganita lloró y le pidió que por favor le diera aunque más no sea para su comida ya que no sabía de dónde iba a conseguir para comer.

Ahora Fulanita sigue haciendo viandas, pero las vende en el barrio, obviamente, sin factura. No le puede pagar un jornal a Menganita, pero le da de comer y la otra la ayuda.

Esto no es un cuentito que me contaron. Todos son personajes reales. Con nombre, apellido, DNI, CUIL/CUIT, CBU, claves fiscales y de las otras que no pueden prosperar porque los que deben ayudarlos miran para otro lado y se hacen los boludos.

La economía de un país no se levanta pidiendo plata afuera sino apoyando a los que la generan adentro y desde abajo.

Los impuestos a los ingresos brutos son una brutalidad si no se miden adecuadamente.

Dejá que el pobre se levante y cuando sea rico pasale la factura. Pero dejalo levantarse.

Lo ingresos brutos medíselos a los que facturan fortunas para ver después cómo les aplicas los impuestos a las ganancias. Pero a las ganancias en serio, no al que gana $10.000 más que el mínimo al mes.

Y a los liberales, capitalistas, meritocráticos, leseferistas deciles que se vayan a vivir a Australia. Pese a que tengo otras ideas de a donde más se podrían ir.