Dardo Rocha el gobernador que levantó una ciudad
Hace 101 años moría el fundador de la ciudad de La Plata. La maniobra política de Julio Argentino Roca por obstruir que llegase a la Casa Rosada dio pie a un maleficio que hasta ahora nadie pudo romper: que un gobernador de la provincia de Buenos Aires se convierta presidente.
Dardo Rocha, aunque menos conocido como Dardo Rocha Arana y nacido como Juan José Carlos Jacinto Dardo Rocha y Arana (Buenos Aires, 1 de septiembre de 1838 - ib., 6 de septiembre de 1921) fue un abogado, político, diplomático, militar, periodista y docente argentino, que actuó siendo joven en las guerras civiles argentinas y con el rango de sargento mayor en la Guerra del Paraguay, posteriormente se dio de baja en el Ejército Argentino y fue elegido gobernador de la provincia de Buenos Aires desde 1881 hasta 1884, y ejerciendo su mandato fue el fundador de las ciudades de Necochea en 1881, de La Plata, la capital de la provincia, en 1882, de Coronel Vidal y de Pehuajó, ambas en el año 1883, y por último de Tres Arroyos en 1884, además de ser mentor y primer rector de la Universidad de La Plata desde 1897 hasta 1905.
De joven, Dardo Rocha se había destacado como político, legislador y militar. Trabajó junto a Julio A. Roca aunque luego se distanciaron
Don Dardo y Don Julio se conocieron en octubre de 1871. Su primera labor juntos fue apoyar la candidatura de Nicolás Avellaneda a la presidencia de la Nación. Más adelante, Don Dardo Rocha haría mucho por la federalización de Buenos Aires y por sostener la candidatura a la presidencia de Don Julio Argentino Roca.
Roca le ofreció a Rocha un ministerio, que rechazó. A la hora de determinar quién sería el candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, algunos sugirieron el nombre de Antonio Cambaceres. Pero Roca, para dejar conformes a los seguidores de Bernardo de Irigoyen y Aristóbulo Del Valle, que apoyaban a Rocha, se decidió por éste último.
Para Roca, Rocha se había ganado el derecho de ser gobernador. Asumió el 19 de mayo de 1881 y su temprano anuncio de su anhelo de ser presidente cayó muy mal en Roca. Ni había empezado a gobernar la provincia, debía fundar una ciudad capital y ya pensaba en candidaturas cuando la elección presidencial sería en cinco años. Lo que más molestó no es que lo dijo sino que puso en marcha una campaña por algunas provincias para captar voluntades, usando fondos provinciales.
Cuando asumió la gobernación, el presidente Roca le deseó “que sea usted feliz, próspero y fecundo su gobierno para la provincia de Buenos Aires”. Rocha lo distinguió como padrino de la ciudad, pero Roca -ya distanciado- lo desairó. Ese día estuvo en Córdoba inaugurando una estatua del general José María Paz. Delegó su representación en su vicepresidente, Francisco Madero, pero éste se excusó por problemas de salud. Terminó representando al gobierno el ministro de Relaciones Exteriores Victorino de la Plaza.
Se fletó un tren especial para llevar a los invitados y los organizadores se ocuparon de aconsejar que no fueran acompañados de sus familias, ya que no había comodidades suficientes para las mujeres. La ceremonia central fue la colocación de la piedra fundamental y de diversos testimonios, como el acta de fundación, diarios y monedas, dentro de un pozo de tres metros de profundidad, debidamente recubierto de ladrillos.
La leyenda
Los roquistas no se habrían contentado con eso. Fueron a buscar a una bruja, a la que apodaban “la Tolosana”, por vivir en Tolosa, y en una noche de San Juan, del 23 al 24 de junio realizó un extraño rito alrededor de la bóveda donde habían colocado la piedra fundamental. El objetivo era que Rocha no llegase a la primera magistratura. La mujer desplegó una serie de extraños ritos, giró en sentido contrario a las agujas del reloj, tomó vino y hasta orinó en el lugar.
Y desde ese momento, ningún gobernador llegó a presidente.
Rocha había dado sobradas muestras de ejecutividad. En noviembre de 1882 había puesto la piedra fundamental y en abril de 1884 se trasladaron a la nueva ciudad de una legua cuadrada los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Cuando dejó la gobernación, volvió a ocupar una banca de senador. Apoyó a quien fue su sucesor, Carlos D’Amico, quien asumió en mayo de 1884. Entre 1897 y 1905 fue el primer rector de la Universidad Nacional de La Plata.
Rocha falleció el 6 de septiembre de 1921 a los 83 años. Su casona de Lavalle 835, levantada en el solar donde habían vivido su abuela Victoria Olivera de Arana, fue declarada en 1961 monumento histórico nacional, calificación que fue derogada por el gobierno de Onganía en 1969. Sus herederos pudieron disponer de ella y la vendieron. La biblioteca y los papeles de Rocha fueron al Archivo General de la Nación, el resto desapareció en un remate y el palacio se demolió en 1973. Quedó la ciudad de La Plata como vivo testimonio de una época en la que había mucho por hacer en el país.
Fuente: EFE
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