EL DISCURSO DEL PRESIDENTE Y LOS INFELICES DE SIEMPRE
En los tres primero párrafos del discurso con el que el presidente Alberto Fernández abrió las sesiones del congreso, este se refirió al daño generado con las mentiras y valor de la palabra como razón basal de la democracia.
LA PALABRA. Esa que ha sido durante muchos años el fundamento de la educación de innumerables familias, mientras que, para otras, era la que se llevaba el viento. Y si no estaba escrito, no valía. Saben a qué nos referimos.
En otro pasaje del discurso, el presidente Fernández se refirió a la necesidad de refundar la nación y al imperativo social de empezar por los últimos, por los postergados, por quienes más necesitan para luego ir atendiendo a la equidad con base en la solidaridad social.
“Vamos a exigirles total responsabilidad a los formadores de precios. Argentina no resiste más el abuso de quienes “preservan” su rentabilidad a costa de consumidores condenados a pagar sus “excesos preventivos”. Debemos terminar con la Argentina de los “vivos” que se enriquecen a costa de los pobres “bobos” que estamos condenados a pagar lo que consumimos.” Dijo textualmente.
Además, señaló cómo habrá de lograrse: “Necesitamos potenciar nuestro sistema de ciencia y tecnología. Comenzamos en los primeros días ampliando los ingresos al CONICET y aumentando sustancialmente los montos de las becas de nuestros jóvenes. Vamos a revertir la tendencia a la caída presupuestaria observada en Ciencia y Tecnología en los últimos años. Tengo el orgullo de haber convocado al gobierno a numerosos científicos y científicas de Argentina. Somos un gobierno con científicos, no con CEOS. Un gobierno con la convicción de que el conocimiento es clave para las políticas públicas y para el desarrollo.”
Hubo mucho más, pero puede encontrarse en cualquiera de los medios y con análisis mucho más puntuales por parte de profesionales más especializados. La nuestra es una mirada meramente reflexiva sobre el espíritu de la filosofía política que propone el nuevo gobierno, convencidos de que es a partir de ella, de la filosofía al servicio de las acciones políticas, que se habrá de hacer el cambio.
Ajustes más, ajustes menos, aumentos más aumentos menos, cepo sí, cepo no… son variables económicas que de una u otra manera han de ser aplicadas. Pero el asunto es PARA QUÉ.
Siempre habrá fanáticos de uno y otro lado defendiendo sus posturas dogmáticas sin más convicción ni motivo que el beneficio económico. Unos, promoverán el beneficio de los pocos. Otros, probablemente, promuevan el de la mayoría. Pero ambos están equivocados si creen que ese es el camino o, mucho menos, la solución.
Una vez solucionados los problemas básicos del ser humano, entendiendo por tales, vivienda, alimentación, educación y salud, el único objetivo perseguible, deseable, justificante de todo hacer es LA FELICIDAD.
Entendemos que esto puede sonar cursi, sensiblero, baladí, casi como frase de sobrecito de azúcar. Sin embargo, nos reiteramos en ello.
Lamentablemente hay un montón de gente a la que no le importa la felicidad, la creen imposible, inalcanzable, inexistente. Entonces la niegan como opción o posibilidad. Esos son los INFELICES. ¿Por qué deberíamos prestarles atención a los INFELICES?
No se trata de una propuesta reflexiva cándida basada en la estupidización para lograr un aparente estado de felicidad tonta. Se trata de despertar la posibilidad de lograr un genuino estado de felicidad en el que todas las personas logren, al menos, un grado básico de satisfacción más allá de la respuesta a las necesidades vitales.
Mientras los bienes materiales y el dinero sean los únicos objetivos, estos serán, paradójicamente, los únicos resultados.

Redaccion

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