¡ESTOS NEGROS DE MIERDA!
(Comentario políticamente incorrecto)
Algunos argentinos blancos y de ojos azules, descendientes de europeos arios, anglosajones o, quizás, napolitanos están molestos con otros argentinos, como ellos, nada más que descendientes, también de europeos, pero latinos, españoles, franceses e italianos. Claro que, entre los morochos, por ahí también haya alguna gota de aborigen y, en una de esas -¡Dios no permita!- de algún afrodescendiente.
Sea como fuere, durante muchos años para los porteños, aún para los morochos, los nacidos pasando la General Paz eran cabecitas negras.
Por vaya a saberse qué regla de tres, el desprecio de los porteños se amplió y también en algunas ciudades del interior los rubios de ojos azules con algunos que otros morenos pero no tanto y algunas rubias oxigenadas empezaron también a despreciar a los un poco más mezclados o morenos sin disimulo. Claro que, ahora, en vez de cabecitas negras, pasaron a ser negros de mierda.
Antes, los que tenía plata destrataban a los pobres. Ahora, unos secos paniaguados con apenas unos centavos por encima del sueldo mínimo, miran con desprecio a quien trabaja limpiando casas, por ejemplo, o culos, como en muchos casos.
Y si la gente no tiene trabajo… ¡para qué! Ahí ya entran en la categoría de negros-vagos de mierda-planeros-haraganes. Por más que la situación sea reciente porque el dueño de la fábrica cerró porque le resultaba más conveniente redirigir la inversión hacia las inversiones financieras y bursátiles, comprando dólares y negociando contados con liqui, por ejemplo.
Y ahora, los rubios de ojos azules y algunos morochos disimulados putean porque los negros de mierda ganaron las elecciones.
No importa que les hayan subido las tarifas de los servicios, que no hayan querido frenar la inflación (y digo querido porque desde siempre dijeron que ellos sabían muy bien cómo se hacía, entonces, no quisieron ¿no?), que hayan dejado que el dólar se fuese muchísimo más allá del dólar a futuro por el que amaron un quilombo terrible y, por sobre todo, que hayan endeuda al país atándolo al FMI de una manera vergonzosa y vergonzante por una comisión depositada en algún paraíso y repartida entre los amigos de siempre.
Mientras tanto siguen hablando del dinero y la ruta K inventada por el turro de Jorge Lanata y un par de tarados que no sirven ni para espiar; de las denuncias de unos cuadernos en el que todos creen aunque nunca vieron más que unas fotocopias (y, bueno, si creen en la Santísima Trinidad, porque no habrían de creer en otras cosas inexplicables); en los bolsos que tiraron por sobre el paredón de un convento aunque, JAMÁS se haya visto un solo bolsón pasando sobre pared alguna (hubo una vez una transmisión por radio de los trucos que hacía un mago con las barajas y la gente creía ¡imaginate!).
Y si uno dice “Bien. Que la justicia los juzgue a todos” inmediatamente saltan con que la justicia está comprada. ¡Qué boludos! Tuvieron cuatro años para manejar a la justicia a su antojo, pero está comprada. ¡No jodan!
Pero, veamos. Corruptos, chorros, turros, hijos de puta… los hay arriba, abajo, a la derecha y a la izquierda. De este y del otro lado de la grieta.
Ahora te toca a vos tomar partido. Si seguís refiriéndote a tu compatriota como negro de mierda, te puedo decir que te vayas a la reputa madre que te parió.
Si bajás un cambio y te disponés a respetar (y no te digo a amar, porque sé que para vos sería mucho) a tu prójimo, me encantaría decirte “¡Bravo, vamos, ahora sí!”
Este quilombo lo arreglamos todos o nos vamos al carajo juntos. O al revés. Como más te guste.
Oscar Boubée (28/10/19)
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