¡HABEMUS PRESIDENTE!

¡HABEMUS PRESIDENTE!

Hace cuatro años, quien esto escribe saludaba al presidente que asumía entonces advirtiéndole que no podía creer en lo que prometía. No de mala onda, sino porque lo que prometía era imposible. Pero como uno apuesta al país, rogábamos estar equivocados y deseábamos que le fuese bien.

La triste realidad mostró que lo que advertíamos fue realidad. Hace unos meses volvimos a publicar en Facebook lo que terminó siendo una premoción. En verdad había sido la simple visión de un futuro ineludible. Las mentiras tienen patas cortas y con la experiencia se ve de lejos lo que puede terminar pasando.

Hoy lo vimos asumir al presidente Alberto Ángel Fernández y desde la emoción que lo retuvo antes de ingresar al recinto, la que lo embargó al pronunciar los agradecimientos y el énfasis con que concluyó el discurso se pudo percibir al ser humano con compromiso, al que sin importarle haber mencionado más veces a Alfonsín que a Perón (realmente debería haber concluido diciendo “…porque TODOS UNIDOS VENCEREMOS” y lograba cartón lleno) marcó, remarcó y reiteró por las dudas la vocación democrática y pluralista de la que será su gestión.

Si bien son acciones imprescindibles, marcó la cancha de entrada al referirse a los medios y la racionalización de las pautas del estado, con lo cual ya alimenta a los falsarios de la información, a los operadores disfrazados de periodistas y a los paniaguados acostumbrados a los sobres por hablar en contra o a favor, pero siempre al servicio del mejor postor. También fue claro respecto de su postura para con la justicia mercenaria, las desordenadas supuestas fuerzas del orden y a la priorización de la educación por sobre la represión.

Los pobres menos pobres que se suelen disfrazar de ricos y los ricos a como de lugar recibieron el mensaje de que la prioridad son los hambreados y que quien más tiene más deberá aportar. Ya saldrán los neo liberales, los turbocapitalistas, los eternos especuladores del hambre ajeno a despotricar por lo que llamarán el retorno del populismo e invitarán a marchas, golpes, boicots y otras yerbas. Y los seguirán los idiotas útiles que hacen malabarismos para llegar a fin de mes, pero como casi ricos o, al menos, menos pobres, se sumarán hablando pestes de los negros de mierda y la eterna discriminación que propugnan y que, justamente, en su discurso A. Fernández dijo tratará de combatir.

Pareciera ser que su onda rockera le hizo inspirarse en Rasguña las piedras o en The wall y el inicio estuvo basado en la ruptura de los muros.

Dejó absolutamente en claro que la prioridad será, más que poner el pan en las mesas de la gente, invitarles a participar de la mesa grande de todos. Cosa que parece muy difícil pero que, en verdad, es más fácil de lo que parece. Algunos van a rezongar, pero… ¡qué se le va a hacer! Muchos deberán aprender qué es la solidaridad. Por las buenas o como sea

.No es nuestra intención analizar el discurso párrafo a párrafo, sino compartir la percepción de la intensión discursiva. De ella se desprende que Alberto Fernández es un tipo humano, con emociones y sensibilidad. Su llegada en el auto personal, manejado por el mismo, será señalado por algunos como una muestra de demagogia. Otros percibimos otro mensaje: así llegué y así pretendo irme. Es humano y, como tal, podrá cometer errores. Además, le van a poner palos en las ruedas, enchastrar la cancha, tirarle toneladas de cáscaras de banana… pero no lo van a lograr corromper. Fernández es de los tipos a quienes el dinero no les importa tanto. Su objetivo es la gloria y contra eso es muy difícil luchar.

 

Desde el abrazo inicial a Macri cuando recibió de sus manos los atributos y al despedirlo, al referirse a los hermanos de Brasil y la necesidad de mantener la relación fraterna por sobre los sentimientos personales y, por sobre el discurso impreso, al mencionar que Piñera, presidente de Chile, le había llamado para disculparse por su ausencia a causa del desastre aéreo del vecino país y la instrucción dada para brindarle la mayor ayuda posible, Fernández mostró tener una envidiable cintura política.  Pero sabiendo que, cuando decidió hacerlo, pudo salir dando portazos también deberemos estar atento cuando se le vuelen los pájaros. Ojalá el gabinete especialmente integrado por gente de su confianza sepa y pueda contenerlo en esos momentos.

El presidente Fernández sabe lo que hay que hacer y parece que tiene claro cómo hacerlo. Sumemos nuestro esfuerzo y contribuyamos a tapar la grieta que nos quieren seguir imponiendo. Puede ser que tengamos a quien logre sacar a la Argentina de la terrible situación en que la han dejado. No lo dejemos solo. Juntos, podremos.