HABLEMOS DE HISTORIA
La palabra historia deriva del griego y significa investigación o información.
Historia es la disciplina dentro de las ciencias sociales que estudia el pasado de la humanidad.
Como tantas otras cosas, es muy difícil establecer un punto de partida de la consideración de la historia como una ciencia. Algunos dicen que el griego Heródoto fue el primer historiador sistemático. Otros señalan que Flavio Josefo era un tipo más objetivo. De cualquier modo, es imposible la eliminación de contenidos subjetivos.
Lo que no podemos desconocer es que la historia como supuesta ciencia está emparentada con muchas otras ciencias sociales y naturales, como la arqueología, geología, paleontología, antropología, política, filosofía y otras.
Es absurdo pretender excluir a quienes no tienen formación específica en la materia, de la posibilidad de investigar transitando los caminos que a su leal saber y entender se les canten.
Una licenciatura, un doctorado, un masterado o un súperrecontramasterado lo único que avala es que quien tiene el título también debería tener la idoneidad para evaluar la correcta secuencia en la recolección de los datos, la validación de los mismos con base en confrontaciones con otras fuentes y, en los casos quirografarios, la supervisión de las correspondientes verificaciones y validaciones.
Es absurdo pretender que haya que ser Lic., Dr., Mter., PhD. o cosa parecida para escribir historia. Sobre todo porque esos Lic., etc., en la mayoría de los casos no saben escribir y hacen cosas muy aburridas con la excusa del rigor histórico.
En un post en Facebook de un prestigioso, un no sé quién y otros varios, trataron de invalidar su opinión por ser periodista y no historiador. ¡So brutos! Un periodista que investiga día a día el por qué de cada acontecimiento y que enseña con mesura la narración despojada de aviesas adjetivaciones, sometido al juicio por opinólogos circunstanciales sin la más remota capacidad para evaluar la capacidad humana más allá de títulos y titulejos. ¡Por favor! En un mundo en el que está harto y terriblemente demostrado que el acceso a los títulos se basa en el cumplimento de procesos que nada tienen que ver con la idoneidad, como el pago de la cuotas, por ejemplo, es absurdo pretender invalidar a quien, precisamente, es uno de los mejores formadores de futuros profesionales pensantes.
Es muy difícil definir a la historia como ciencia, ya que el conocimiento científico requiere de protocolos con los que la historia, por su dinámica y vericuetos múltiples, no puede cumplir.
Como disciplina, le va un poco mejor, ya que de eso se trata, pues requiere de un método de recolección, un ordenamiento cronológico exigible, un acompañamiento de documentos que avale lo que se sostiene y una gran capacidad para no infectar con la propias opiniones o posturas apasionadas la mínima objetividad aportada por los documentos que acompañen.
La formación sistemática que conduce a la obtención de un título universitario, es eso, sistemática. La formación empírica, también tiene sistemas. Y, en muchos casos, la libertad para plantarse ante el desafío investigativo le da la ventaja del aporte multidisciplinario que normalmente acompaña al empírico autodidacto.
No se trata de competir respecto de quien está mejor calificado para investigar los hechos históricos. Sería oportuno que sistemáticos, titulados, empíricos y autodidactas sumen esfuerzo en vez de perder el tiempo discutiendo sandeces. Solo así, habremos de arribar a algo parecido a la verdad.
OB

Redaccion

Comentarios (0)
Comentarios de Facebook (0)