Imaginando Macondo
Llovía intensamente.
Amanecido soleado y hasta caluroso, el día se fue tornando gris y lloviznoso hasta descolgarse en un aguacero casi interminable que fue ganando la casa hasta mojarnos los pies.
Los desagües del patio no alcanzaban a drenar el agua que caía a raudales y las descolocadas tejas dejaban caer en chorros las antiguas goteras.
En algunas parroquias se cubrían los sagrarios y en algunas casas se conmemoraba la última cena.
Era Jueves Santo y llovía.
El viernes, me enteré de la muerte de Gabriel García Márquez.
Era Viernes Santo, y seguía lloviendo.
Me quedé mirando cómo la lluvia inundaba los patios y sonreí al recordar el antiguo Macondo impregnado en mis recuerdos. El antiguo Macondo impregnado, a su vez, también de mis recuerdos.
Murió Gabo a poco de los 30 años de morir Cortazar.
Se nos siguen muriendo. Pasan los años, y se nos van muriendo. Y pareciera ser que ni siquiera el culto de las hojas impresas en los ya casi olvidados libros, habrán de perpetuarlos.
Murió García Márquez. Dicen que una diputada de su patria escupió su cadáver y le deseó el infierno. Sé que alguien preguntó quién era.
No sé si servirá para compensar, pero entre el odio y el olvido, quizás sirva de algo este humilde recuerdo.
Oscar Boubée Abril 2014
*Gabriel García Márquez (Aracatana Colombia 6/03/1927 – México DF 17/04/2014)
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Redaccion

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