IMPUESTO A LAS GRANDES FORTUNAS
Diversos medios especializados en el tema económico han desarrollado y desarrollan conjeturas respecto de cuál podrá ser el impacto de un eventual impuesto a las grandes fortunas.
Quien esto escribe, al igual que muchos de los que ahora leen, ha vivido desde el ajustar el cinturón de Alsogaray y su Empréstito 9 de Julio hasta esta incertidumbre actual, pasando por el rodrigazo, las tablitas de Martínez de Hoz, las mentiras de “quien apueste al dólar pierde” para despertar al día siguiente con un dólar hiperinflado, por citar solo algunas de las tantas experiencias que tuvimos que vivir quienes conocimos al Peso Nacional antes de la ley 18.188 y los tantos ceros posteriores.
Hoy la mirada apunta a las grandes fortunas, esas que en vez de jugar a ver quién la tiene más grande, podrían evitar todo con una donación significativa para paliar los conflictos económicos generados por la pandemia de COVID-19.
¡Sería tan fácil para quienes tienen fortunas superiores a MIL MILLONES DE DÓLARES donar un par de cientos! Pero no. ¡Cómo pretenden que hagan una cosa de esas! ¡El dinero no se regala!
Lejos de nuestro ánimo el pretender sumar nuestras débiles voces a los discursos de los encumbrados economistas. Apenas podemos esbozar algunas reflexiones, casi como modestamente filosóficas.
Según los comentarios que circulan en los medios entendidos, pareciera ser que la propuesta consiste en gravar a las grandes fortunas con un UNO o DOS por ciento, a partir de un piso aún no definido. Con esos malabarismos propios de los economistas, se llega a la conclusión de que habría de recaudarse unos 3.800 millones de dólares. Una cándida pregunta que se nos ocurre es: Ya que se está armando tanto lío ¿por qué no se aplica un DIEZ por ciento y listo? Y en vez de 3.800 serían 38.000 millones de dólares y chau che.
La inefable reina madre de los cotilleos del espectáculo, la nonagenaria Mirtha Legrand (quien, ya que estamos, cabe decirse que tiene una fortuna cercana a los 1.500 millones de dólares) dijo una vez a una invitada (me parece que era Flavia Palmiero) “¡Ay, querida! Ese anillo no se gana con honra”. La Chiqui sabe de qué habla. Como lo saben todos y cada uno de los dueños de las grandes fortunas.
Circulan en las redes comentarios, posts, memes y un montón de esas yerbas que señalan que a los argentinos no gusta más la pobreza que la riqueza. Y argumentan sofismas insólitos.
En contrapartida, podríamos decir que hay “algunos argentinos” que sueñan con ser millonarios. Entonces, compran autos en cuotas, usan trajes caros, comen en restaurantes carísimos y se dan unos aires de grandeza impropios de un país que a nivel internacional está más cerca de Jamaica que de Luxemburgo. Y son “esos” argentinos los que salen en defensa de los grandes millonarios. Esos son los cholulos que sueñan con brindar con Dom Perignon, fumar Montecristo o Partagás y destapar un Petrus y apenas les da para un espumante, un Luquivenga y un cartón con gaseosa de uva.
Los dueños de las grandes fortunas, ya han tomado los recaudos para encanutar la tarasca (mosca, vento, guita…) en el extranjero y seguro tienen varios siervos encargados de urdir ardides para eludir al fisco. Saben que quizás tengan que poner algo y harán lo posible para que ese algo sea lo mínimo. Pero un sinnúmero de genuflexos serviles harán lo imposible para trabar una ley que les pueda aplicar nuevos impuestos.
Mientras tanto, seguiremos cuidando a esta Argentina que tenemos y que sabemos que, una vez más, saldrá adelante.

Redaccion

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