Madres de la plaza de mayo
Las Madres de la Plaza de Mayo comenzaron a reunirse en la plaza de la ciudad de Buenos Aires de ese nombre el sábado 30 de abril de 1977. La utilizaban como un punto aglutinante para organizarse y poder peticionar a las autoridades por sus hijos desaparecidos. Al principio permanecían sentadas, pero al haberse declarado el estado de sitio, la policía las expulsó del lugar. Luego, para identificarse como grupo en la Peregrinación a Nuestra Señora de Luján en octubre de 1977, decidieron ponerse un pañuelo blanco en la cabeza. De esa manera surgieron los dos símbolos que las representan: las marchas todos los jueves a las tres y media de la tarde alrededor de la Pirámide de Mayo, y el pañuelo blanco en la cabeza.
Durante los años de la dictadura militar argentina (conocida en ese país como el proceso) se opusieron constantemente a las medidas tomadas por el Gobierno, sufriendo una constante persecución, incluyendo secuestros y desapariciones. En 1979, dejaron de manifestarse en la Plaza de Mayo debido a la represión, pero a partir de 1980 continuaron haciéndolo. En los primeros días de diciembre de ese año realizaron la primera Marcha de la Resistencia, consistente en caminar alrededor de la plaza durante 24 horas.
El 30 de abril de 1982, hubo manifestaciones de protesta en Buenos Aires contra la situación económica, la miseria planificada, con la policía reprimiendo a todos. Dos días después, se llenó la Plaza de Mayo para aplaudir a los militares que habían invadido Malvinas, creyendo que así se iban a reciclar en el poder en una especie de brindis perpetuo.
La derrota de los militares resucitó la posibilidad de la democracia. Se abrió la multipartidaria, formada por cantidad de partidos y políticos muchos de los cuales, durante los tiempos más duros de la represión, habían sido expertos en el arte de callar.
En más de tres décadas de lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo han conseguido ser identificados 114 niños que nacieron de mujeres secuestradas por la dictadura argentina y fueron separados de sus madres y entregados a familias adeptas al régimen militar.
A pesar de la llegada de la democracia al país, en 1983, continuaron con sus marchas y actos, pidiendo condena para los militares que participaron en el Gobierno. Han recibido apoyo y reconocimiento en gran cantidad de organizaciones internacionales y dado su apoyo a otros tantos grupos de lucha por los derechos humanos.
Sigue la búsqueda y la espera. La lucha y la esperanza nunca terminan.
Había una vez un país con nombre de mujer, donde la muerte andaba suelta persiguiendo a los sueños, acorralando a la vida. Y en ese país de nombre plateado, los sueños y la vida tuvieron que aprender cómo enfrentar a los verdugos. Las madres están dejando esa herencia.
Cómo convertir al dolor, en acción.
La parálisis y el miedo, en lucha.
La desesperación, en coraje.
Las lágrimas, en acciones.
Para acorralar a la muerte, como el primer día:
tejiendo luchas,
haciendo circular los sueños,
y alumbrando la vida.
Ante el inminente rebrote del COVID-19 no podemos bajar la guardia.
#CUIDEMONOSENTRETODOS
Si tuviste Coronavirus #DONÁPLASMA 0800-222-0101
Seguinos en Instagram: @Meridiano63

Redaccion

Comentarios (0)
Comentarios de Facebook (0)