DOS PUNTO TRES POR CIENTO

DOS PUNTO TRES POR CIENTO

Que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) haya aumentado en enero 2,3%, no es un número más ni un dato menor.

Ya que sea el más bajo desde julio del año pasado habla de una proyección más que alentadora, pese a que, como era de esperar, sigan las voces diciendo “vamos a ver cómo siguen”.

Lo cierto, lo fáctico, lo puntual es que los aumentos fueron: bienes 2,6%; servicios, 1,6%; estacionales, 3,6%; los regulados se ajustaron 1,1% y la inflación núcleo se ubicó en 2,4%.

Otro aspecto muy importante a considerar es que este 2,3% resultó más bajo que todas las expectativas de las consultoras privadas, que la habían estimado en torno al 3,5%.

Como es lógico que ocurra en vacaciones, el incremento más fuerte se registró en recreación y cultura, con un 5%.

Los alimentos y las bebidas no alcohólicas ocuparon el segundo lugar con mayor incidencia en el nivel general con una variación mensual nacional de 4,7%, destacándose las subas de los precios de las carnes y sus derivados, las infusiones, los dulces y las golosinas.

Las bebidas alcohólicas y tabaco crecieron 4,3% y le siguieron los precios de servicios vinculados a las vacaciones de verano, con 4,2% de aumento en restaurantes y hoteles.

Por debajo del nivel general de 2,3% se ubicaron los rubros de transporte, con el 1,5%; prendas de vestir y calzado, 1,1%; vivienda, agua, electricidad y otros combustibles, 0,6%; educación, 0,5%; y comunicaciones, 0,1%.

Hubo dos rubros del IPC que registraron bajas en sus precios promedio a nivel nacional: equipamiento y mantenimiento del hogar, del 1,3%; y salud, que también descendió en 2%, por la baja en los precios de los medicamentos.

En dos meses es muy difícil hacer una evaluación de gestión, pero ya se puede ver la tendencia de la propuesta económica del estado.

En caso de afianzarse los precios protegidos, la ampliación del abanico de los negocios involucrados, fundamentalmente los de orientales (los ya tradicionales “chinos”) y almacenes de barrio, más el efecto de las tarjetas de alimentos, es probable que la percepción inflacionaria sea más positiva generando, en consecuencia, mayor flujo de circulante con su consecuente reactivación económica.

Hablamos de percepción porque, más allá de lo que repercute en los bolsillos, hay que analizar lo que ocurre en la actitud de quienes terminan siendo los beneficiarios de la reducción inflacionaria, es decir los sectores carenciados y el primer escalón de la clase media, quienes habían llegado a un punto cercano a la desesperación. A la pérdida de la esperanza.

El gobierno está dando muestras claras de por dónde llevará la economía. Eso molesta a los sectores  altos y a los especuladores de siempre.

En economía no hay muchos secretos. O se aumentan los impuestos o se reducen los servicios sociales. Gasto público, en términos de mercado.

Para quienes sueñan con una Argentina que no existe y rememoran con nostalgia una que supuestamente fue, sin aceptar que es una falacia hablar de un país rico cuando no eran más que unas familias beneficiadas, que nadaban en la opulencia, mientras el pueblo nadaba en sus heces, los servicios públicos, la inversión pública, siempre será un gasto. Sus despilfarros, son derechos adquiridos que consideran vulnerados cuando se aplica el criterio de que quien más tiene debe aportar más.

Ellos no lo entenderán ni lo aceptarán. Por eso debemos fortalecernos en nuestras convicciones alentando a los primeros escalones de la clase media para que entiendan dónde deben estar parados y que no se vuelvan a confundir.