Pecunia non olet

Pecunia non olet

En la Antigua Roma, la orina recogida en las letrinas públicas era aprovechada, por su contenido en amoniaco, por los curtidores de pieles, que la usaban para adobar sus cueros y por los lavanderos, que la empleaban blanquear las togas (largas piezas que usaban los legisladores, especialmente) de lana.

El emperador Vespasiano (69–79 d. C.) decidió imponer una tasa a la orina que diariamente se vertía en las letrinas de Roma, y a partir de entonces, los artesanos que la necesitaran en sus negocios debían pagar el nuevo impuesto por su uso.​

Tito, el hijo de Vespasiano, le dijo a su padre que era una asquerosidad andar cobrando por la orina de las letrinas. Entonces su padre le dio a oler una moneda de oro y le preguntó  si le molestaba su olor. Tito dijo que no y Vespasiano respondió: “Y sin embargo, procede de la orina”.  “Pecunia non olet” (el dinero no huele) hoy se utiliza para señalar con cinismo que el dinero vale lo que vale, independientemente de la nobleza o vileza de su origen. En alemán se sigue empleando esta frase clásica, traducida como Geld stinkt nicht.​

Cuando vemos la actitud de algunos periodistas devenidos en diputados que mienten sin descaro, atiborrando de números falseados  con afirmaciones soberbias, típicas del tilinguerío recalcitrante, cuando seguimos viendo cómo comerciantes de la ética se disfrazan de periodistas con el único objetivo de no perder el sobre ratificamos la convicción de Vespasiano aunque, por otro lado, destacamos que lo que sí se huele es la hediondez moral de los asalariados de la mentira.

Una frase de paternidad dudosa pero de realidad cierta dice: “Ser periodista es la forma más divertida de ser pobre”. Quizás podría discutirse lo de divertida, pero si es honesta la pobreza en innegable.

Cuando se ve a alguien que trabaja de periodista con mucho dinero, cabe la posibilidad de preguntarse si realmente es periodista o es un mercader de su palabra haciendo de amanuense de los poderosos disfrazado de periodista.

Puede ser que el dinero no huela, pero hay unos cuantos que huelen muy mal.