LA CIENCIA AL PODER
En una era en la que las nuevas tecnologías, la ciencia, el conocimiento y el acceso al mismo se desarrollan a ritmos más que acelerados, es inaceptable pretender conservar los mismos sistemas políticos, perimidos y obsoletos, en manos de ignorantes cuya única habilidad ha sido corromper a sus allegados con dinero, promesas y mentiras.
Desde las más altas cúpulas hasta los más bajos niveles vinculados al poder político, la ignorancia campea con la más absoluta y vergonzante vanidad. Esa vanidad que sus representantes más destacados, los ignorantes más soberbios, ostentan con indisimulada caradurez.
He visto, y estoy seguro de que quienes leen esto también han visto y ven, cómo muchos de los que tienen que tomar decisiones trascendentes y opinar sobre cosas importantes que comprometen el futuro de nuestros países y de la gente, no saben manejar el idioma, no tienen la menor capacidad para manejar el disenso, se pierden si se los exponen a respetar secuencias lógicas, exigen “informes ejecutivos” de menos de una página porque les cuesta horrores la lectura comprensiva y se pierden al tener que utilizar teléfonos más inteligentes que ellos.
Coincidiendo con lo manifestado por Carl Sagan en la última entrevista realizada en 1996 (¡18 años atrás!) al sostener que asombra la falta de científicos o gente realmente ilustrada y hábil en el manejo de las modernas tecnologías, en los estamentos de poder. Y no solo en la región, sino en gran parte del mundo.
Se me ocurre que la única manera que permitiría cambios importantes en el mundo, sería un importante reemplazo generacional y social de los políticos y la cosa pública.
Siguiendo con este remedo de Utopía, juguemos a imaginar un parlamento integrado por amas de casa, artistas, educadores (en serio, no simplemente titulados de), jóvenes emprendedores y expertos en uso, desarrollo e implementación de nuevas tecnologías. Ya que estamos imaginando, supongamos que para ello, los sueldos de los parlamentarios se fijen en 10 sueldo básicos, ni más ni menos, pero con obligaciones puntuales de asistencia, puntualidad, cumplimiento de objetivos y sanciones claras y específicas en caso de ser encontrados culpables de cualquier acto deshonesto.
¿Y qué se hace con Aduanas, Puertos, etcétera, etcétera? ¡Se los cambia a todos! Jamás la suma de las indemnizaciones alcanzará lo que se roba permanentemente.
¿Se acabará la corrupción? Y…lamentablemente, no. Pero habrá menos y podemos utilizar mi teoría de las cucarachas. Les cuento:
Hace años tomé como criterio que, al fumigar la casa, se deje un registro sin fumigar. Allí están las cucarachas. Allí se agrupan y no joden. En vez de tenerlas por toda la casa, están en un hábitat controlado. Y si salen, son perseguidas tenazmente o comidas por los otros bichos que he permitido sobrevivir (palomas, lagartijas, algunos ratones –que también tienen su propio hábitat controlado- etc.). Se sabe que las cucarachas han sobrevivido desde el pleistoceno (no estoy seguro de la era, pero me gusta como suena) y que han superado hasta a la bomba atómica. Los corruptos también. Es cuestión de identificarlos, encerrarlos o mantenerlos bajo control. Y, si joden, eliminarlos. Muy simple. Ojo, que cuando digo eliminarlos no hablo de matarlos (no porque no den ganas, sino porque no se debe) sino lateralizarlos, quitarlos de sus funciones y destinarlos a criar lombrices, por ejemplo.
Para quienes piensen que he cambiado el slogan de los ’60 “la imaginación al poder” reemplazando imaginación por ciencia, les digo que no he cambiado nada. La ciencia es el fruto de la imaginación. Ya escribí sobre esto alguna vez, pero, en una de esas, vuelva a hacerlo.
Oscar Boubée
CUIDEMONOSENTRETODOS
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Redaccion

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