EDUCAR EN SERIO. NO EN SERIE.

EDUCAR EN SERIO. NO EN SERIE.

Con la tradicional costumbre de poner el carro delante de los caballos, se debate cómo y con qué enseñar, en vez de establecer qué enseñar. Más aún: lo primero a establecer es qué quieren aprender los niños y los jóvenes. Acostumbrados a creer que sabemos qué es lo que les conviene aprender, se les enseña (o pretende enseñárseles) lo que le conviene al sistema, no a las personas. El ser humano, por su condición animal, nace con la capacidad de incorporar conocimientos. Por su diferenciable condición humana, nace con la capacidad de aprender. Pero, primero, lo primero. Si acompañamos el proceso, el “animal” conocerá sus capacidades físicas (si pongo mal los pies, me caigo; si al caer pongo las manos, no me golpeo la cabeza; etc.). Eso se aprende jugando. Y, verdad de Perogrullo, jugando se aprende a aprender. Una vez puesto en marcha el proceso de aprendizaje, solo resta acompañarlo con respuestas. El niño quiere saber todo. Y acá empieza el problema. En vez de responder las preguntas a medida que van surgiendo, es más fácil dar una batería de respuestas comunes, incluso antes de que surja la pregunta. Y ahí está el carro delante del caballo. Para ayudar a aprender en serio, deberíamos disponernos a educar en libertad. Dar la herramienta necesaria en el momento oportuno. De qué sirve dar un martillo cuando el problema es cortar una madera. O dar un cuchillo para quitar un tornillo (¿no les suena conocido?). Se enseña geografía, y nunca aprendieron a hacer el mapa del barrio. Se enseña historia y nunca manejaron una línea de tiempo. Se enseña matemática y nunca se explicó cómo y para qué nacieron los números. Y, así, un montón de cosas que, de enunciarlas, convertirían este comentario en un tratado de educación. ¿Cuál es la solución? Barajar y dar de nuevo. Replantear la educación rompiendo los paradigmas, educando en las paradojas. ¿Es difícil? ¡Para nada! Basta con reelaborar los objetivos generales, enseñando a los docentes a redefinir los objetivos específicos con base en la metodología que los mismos niños (y, luego, los jóvenes) planteen. Partir de lo que quieren aprender, en vez de lo que a algunos les convienen que aprendan. Así de simple.