FERNANDA RAVERTA A LA ANSES
Ante la mirada absorta y una bronca que no podrán disimular por parte de la oposición y los dueños de “la verdad empresarial”, la elección de Fernanda Raverta al frente de la ANSES es una mojada de oreja, una jugada imprevista, una piña en la boca del estómago de los que, mientras tratan de recuperar aire, preguntarán una y mil veces por qué y otras tantas dirán que no podrá.
Quien esto escribe aún no ha podido reunirse a conversar con ella, pero, más allá de la satisfacción de poder hacerlo algún día, tiene la clara percepción de la clase de gente a la que pertenece.
Los distintos medios de comunicación dan cuenta de que Raverta tiene 43 años y una vasta carrera política que comenzó en su adolescencia militando en el centro de estudiantes y la Federación de Estudiantes Secundarios. Unos años más tarde, en 1995, fue la fundadora de la agrupación HIJOS seccional Mar del Plata que milita junto a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.
Eso significa que, por encima de los posibles intereses personales, tiene vocación reivindicatoria. Y eso tienen un significado muy grande.
Solo quienes han conocido las manifestaciones del odio y la consecuente impronta de dolor, pueden entender que haya gente dispuesta a luchar para revertir las cosas. Gente que sabe lo que significa “que la tortilla se vuelva” y que, más allá de lo metafórico de la canción, no es cuestión de que lo quiera el Dios del cielo, sino que se consigue con el esfuerzo, el trabajo, la tenacidad y el celo que demanda LA POLÍTICA, así, con mayúsculas.
Del otro lado estarán buscando el pelo en la leche, poniendo palos en las ruedas, rogando cada día que se equivoque y vaticinando incapacidades para manejar lo que es uno de los fondos de capital más grande del país.
Gorditos lechosos, flacos de facha hitleriana, badulaques disfrazados de libres pensadores y una runfla de pelafustanes alimentados por los dueños del poder económico comenzarán con sus diatribas. ¡Imagínense! ¡Hija de subversivos!
Sin dudas, van a destacar que es hija de Mario Montoto, un importante empresario del mundo de la seguridad que, como tantos, apareció salpicado por el escándalo del caso D'Alessio, y quien fuera en los 70 miembro de la cúpula montonera.
Es muy probable que minimicen que su madre, María Inés Raverta, se vio obligada a exiliarse en Perú, donde, en 1980, fue secuestrada por el denominado Plan Cóndor, y jamás volvió a aparecer.
Fernanda cambió su apellido paterno por el de su madre. Seguro también lo sacarán a relucir y será tema de comentarios.
Le van enrostrar que pasó su infancia en Cuba y ¡para colmo! en la guardería Montoneros.
Y todo lo expuesto les molestará mucho a los defensores del capital, porque mientras ellos deberán urdir argumentos apocalípticos, una gran parte del pueblo, a la que nos sumamos, verán, ven, vemos la posibilidad de que alguien tome la salida “incorrecta”, la que atenta contra el “stablishment” y levante las banderas de solidaridad y equidad. O, más simplemente dicho, la justicia social.
Fernanda deberá luchar, primero, contra su condición de mujer en una sociedad machista, contra su juventud en un dominio de gerontes, contra la maldita pandemia y el empobrecimiento del país todo.
Pero todo hace suponer que aprendió a luchar, a poner pecho a las malas y su trayectoria política parece avalarla.
El presidente Alberto Fernández se la jugó. Y no es ningún tonto ni principiante. Al decir de un querido amigo ajedrecista, hizo una jugada inimaginable.
¡ÉXITOS! Te ponemos todas las fichas.

Redaccion

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