LESA HUMANIDAD
Para que un crimen sea de lesa humanidad la Corte Penal Internacional establece que tiene que tratarse “de un ataque sistemático o generalizado contra la sociedad civil: es decir, con multiplicidad de víctimas”.
Más aún.
La Convención para la prevención y la sanción del delito de genocidio es un instrumento de derecho internacional que codificó por primera vez el delito de genocidio.
Fue aprobada el 9 de diciembre de 1948, entrando en vigor a partir del 12 de enero de 1951. A febrero de 2018 son 149 los estados parte. Entre ellos Bolivia.
Para constituir un genocidio, debe demostrarse que la parte de los perpetradores tenía la intención de destruir físicamente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.
Las declaraciones de la presidenta de facto y las arengas de los militares destacando la condición religiosa como fundamento de las acciones contra la sociedad boliviana que están llevado a cabo son, innegablemente, de persecución a grupos étnicos y religiosos.
Completando la horripilancia, la renegada de su origen que osa ocupar la presidencia firmó, junto con la camándula de corifeos bajo su férula, un decreto que es, ni más ni menos, que una LICENCIA PARA MATAR.
“El personal de las Fuerzas Armadas, que participe en los operativos para el restablecimiento del orden y estabilidad pública, estará exento de responsabilidad penal cuando en cumplimiento de sus funciones constitucionales, actúen en legítima defensa o estado de necesidad”, establece el indigno, vergonzoso y vergonzante decreto que lleva la fecha del viernes 15 de noviembre.
¿Y la ONU? ¡Bien, gracias!
Fue un golpe de estado, los crímenes lesionan a la humanidad toda y la aviesa intención, manifiesta y ejecutada como tal, es la “de destruir físicamente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso”.
Como dijera Martin Luther King. “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.
¿Quiénes son los buenos? ¿Dónde están?

Redaccion

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