¡VIVA EL CAPITALISMO!
El capitalismo es el mejor sistema económico que pudiera existir. La experiencia con otros sistemas ha sido, cuanto menos, frustrante, porque quienes deberían haberlos llevado adelante se dejaron seducir por el capitalismo y ahí ¡sonamos!
El capitalismo es el mejor sistema económico que pudiera existir porque en él las personas tienen la posibilidad de crecer sin límites, sin más requisito que su voluntad de hacerlo. La libertad de mercado no limita la creatividad y el precio es la consecuencia natural de la competencia, por lo tanto, uno puede ganar lo que se le antoje.
Un problema del capitalismo es que necesita de gente inútil, vagos de mierda, haraganes, ignorantes, campesinos incultos, indígenas indigentes, sinvergüenzas que solo quieren trabajar ocho horas, mujeres que se embarazan y quieren descanso prenatal, más descanso cuando el crío nace y, encima, hasta después de nacidos. Gente que quiere que se les dé salud y educación gratis, transporte barato (¡que encima debe ser casi de lujo!) y un montón de cosas más que la gente de bien, la que crea empresas e industrias, la que maneja las finanzas, la que se sacrifica invirtiendo el tiempo, el esfuerzo y el dinero de sus antepasados debe pagar con sus impuestos.
Otro problema del capitalismo es que, para que funcione, necesita que todos sean capitalistas. Una solución que encontró fue hacerles pensar a los pobres-menos-pobres que pasaron al nivel capitalista porque pueden alquilar una casa más o menos, comprar un auto en cuotas, salir de vacaciones (también en cuotas) sin darse cuenta de que son ellos, los que algunos llaman clase media, los que sostienen el capitalismo. Porque mientras que el pobre-pobre ni se queja, porque siempre fue pobre y con comer se alegra, el pobre-menos-pobre quiere más y compra lo que el capitalista crea con su creatividad y dinero y que el pobre-pobre produce con su trabajo y esfuerzo.
Y el pobre-menos-pobre reniega de su condición de tal refugiándose en la mediocridad de su condición de clase media mientras se la agarra con el pobre-pobre, negro de mierda, grasa, haragán, chorro y drogón.
En la Argentina un día dijeron cambiemos y cambiaron.
Muchos años de un gobierno populista lo hicieron impopular porque dentro de ese gobierno había gente que más que populista era absolutamente capitalista y no tuvo mejor idea que tomar como suyo dinero que era de todos. Dicen.
Y muchos de los pobres menos pobres, no les perdonaron el robo que, aunque aún no se ha expedido la justicia, impusieron que era cierto e irrefutable porque así ellos decidieron. Están más acostumbrados y dispuestos a aceptar la estafa. Alguien dijo que con vaselina la percepción del dolor es menor, pero el grado de penetración es mucho mayor. Quizás pueda aplicarse al robo sin que se note que están robando, a los préstamos para pagar la deuda a los amigos y cosas parecidas.
La cuestión es que mucha gente pro a la que les dijeron cambiemos y cambiaron, se dio cuenta de que el cambio no había sido el más indicado. Y volvieron a cambiar. Otros, no. Aunque están apenas diferenciados de los pobres-pobres porque estos deben en la libreta del almacenero casi tan pobre como ellos, los pobres-menos-pobres deben en sus respectivas tarjetas, en los bancos, en las financieras y en cada una de las opciones capitalistas a las que pudieron acceder para no ser tan pobres. Ser clase media no es nada barato. Sobre todo, cuando sueñan con ser no tan pobres y, además, rubios, blancos, lindos y a la moda.

Redaccion

Comentarios (0)
Comentarios de Facebook (0)